El Mundo Mi Diario de Viaje

Buscando mis raíces en Asturias

Camblor es un apellido que acaso pueda sonar un tanto singular, por no decir raro, por no decir que no se sabe muy bien de dónde sale. Pues bien, yo le cuento que los Camblores (así, en plural) provienen de Asturias, ese principado pequeño ubicado en el norte de España, frente al mar Cantábrico, con poco más de un millón de habitantes.

Hacía allí decidí partir a comienzos de 2017, porque quería conocer dónde empezó mi historia, por así decirlo. Mi abuelo Antonio era pastor, en un pueblito asturiano, hasta que la pobreza lo hizo seguir el camino de su hermano Amador, y tomarse un barco rumbo a la lejana Argentina, más precisamente Bahía Blanca, donde se casó y tuvo cuatro hijos, entre ellos mi padre.
Hacia ese destino voy en tren, desde Barcelona, y antes de llegar tengo la primera impresión: esos que están adelante mío en el vagón hablan igual que mi abuelo. Hablan bable, el idioma asturiano, con la misma exacta entonación. En un punto, ya me siento llegando a casa, o a mi infancia, en una suerte de deja vú ferroviario.
Me instalo en Oviedo, la capital del principado, en una habitación tan fría que me conecta fuerte con La Era del Hielo, pero decido ponerle actitud al asunto y contacto rápidamente a otra Camblor, Pilar, que me llevará a recorrer diferentes lugares, como buenísima anfitriona que es.
Así es que pasamos por el casco histórico, la plaza central, donde hay una estatua de Mafalda, y luego, a unos kilómetros, el lugar donde se dio la Batalla de Covadonga, en la que el Rey Pelayo derrotó a los musulmanes e inició la reconquista del territorio. El lugar, con su iglesia, con la tumba del propio Pelayo -hablamos del siglo VIII d.c.- realmente impresiona, pero yo tengo otra misión, me atrevería a decir, más relevante, a nivel personal: Seguir el periplo hacia Nava, una mínima localidad montañosa donde habitaba mi abuelo y su familia.
Allí vamos, porque nada está muy lejos por estas tierras, subiendo y bajando caminos hasta aparecer en el citado poblado. Entramos a un bar -porque siempre en España habrá una iglesia y un bar- y le preguntó al mozo:
-Sabrá dónde está la casa de la familia Camblor?
-Pues mira que aquí los Camblor son muchos... La respuesta me deja helado. Acá, en Argentina, tan pocos; allá tantos. Finalmente, por la descripción de un primo, doy con la casa en cuestión. Saco unas fotos. Una viejecita, que advierte nuestra presencia, sale de la casa, y le comentamos nuestra búsqueda. Por un momento reflexiona, luego recuerda: “Ah, sí, los Camblor, eran una familia muy larga, todos muy buenos”. Y ahí, en ese preciso momento, un poco nublada la vista, uno se da cuenta de que el viaje valió la pena.