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Notre Dame: Historia, Drama y … ¿Resurrección?

Las dramáticas escenas captadas por la televisión del incendio de la Catedral parisina de Notre Dame, que dejaron al mundo atónito como no ocurría desde el atentado a los torres gemelas en Nueva York, quedarán grabadas para siempre en las retinas y en la memoria de varias generaciones. Por un momento, el mundo contuvo su aliento. Con la caída de la famosa “aguja” de 93 metros se vivió el momento más dramático, y se temió lo peor: que esta joya del alto medioevo (s. XII) quedara reducida a cenizas.

Una vez extinguido el siniestro, el mundo cristiano respiró algo aliviado, aunque aun es muy prematuro para evaluar las pérdidas, que si bien pudieron haber sido catastróficas, significan un duro golpe al patrimonio histórico y cultural de la Europa occidental y cristiana.
Notre Dame (Nuestra Señora, en español), fue construida en piedra entre los años 1163 y 1240 consagrada a la Virgen María, en un estilo, el Gótico (con reminiscencias del románico normando) que irrumpía entonces en Francia y luego se extendería por casi toda Europa, y que inicia el definitivo dominio de la ciudad sobre los feudos rurales, en el comienzo del ascenso económico y más tarde también político de la burguesía comercial y del clero urbano.
Está situada en el centro de la ciudad de París, en la isla de la Cité, a la vera del Sena, de allí que muchos creen ver en su diseño una réplica de un gigantesco navío.
Como toda construcción gótica, posee arcos apuntados y otros arbotantes, que contribuyen a la estabilidad de la construcción y le otorgan una fisonomía particular en forma de “araña”, además de una bóveda nervada. En la fachada principal se levantan dos torres macizas, un triple pórtico, un friso con esculturas y un gran rosetón, que corona la puerta principal. El interior de la iglesia tiene 35 metros de altura. Más allá de que su arquitectura original fuera modificada en los siglos posteriores, también sus amplias columnas y grandes ventanales y rosetones son típicos del gótico.
Notre Dame, que por lo menos hasta el incendio del lunes 15, conservaba buena parte del mobiliario original, es depositaria de verdaderas obras de arte en escultura y pinturas de distintas épocas, y si bien empezó a construirse en 1163, sufrió sucesivas transformaciones a lo largo de ocho siglos. Recién se la dio por concluida a mediados del XIV, hasta que, entre 1844 y 1867, se produjo la restauración más importante, cuando fue levantada la famosa aguja que acabó hecho trizas hace algunos días.
Este gran monumento sirvió de inspiración a Víctor Hugo y su célebre obra “Notre Dame de París” («El jorobado de Notre Dame», en su versión cinematográfica), publicada en 1831, y 27 años antes fue coronado allí nada menos que Napoleón Bonaparte.
Además de la planta en forma de cruz, con 5 naves y 37 capillas, la Catedral tiene una fachada de 40 metros de ancho por 130 metros de longitud, y una altura de casi 70 metros.

Cuando llegue la hora del inventario, se sabrá qué fue de su magnífico órgano Cavaille-Coll, de 5 teclados y unos 8 mil tubos, o de la réplica de la Santa Corona que portaba Jesús al momento de su crucifixión, hecha de juncos unidos por hilos de oro con un diámetro de 21 centímetros en el que se encontraban las espinas.
Sin embargo, las primeras versiones surgidas de fuentes eclesiásticas y de la que se hicieron eco algunos medios de prensa son optimistas en cuanto a ésta y otras reliquias, como la túnica de San Luis, uno de los reyes más famosos de Francia. Notre Dame también conserva otras dos reliquias de la Pasión de Cristo: un pedazo de la cruz y un clavo. Estos parecen haber sobrevivido, y se mantuvieron en pie una cruz y las estatuas del altar mayor, así como las esculturas de Luis XIII y Luis XIV, el famoso “rey sol”.
Junto a la “aguja”, no lograron salvarse de las llamas la armadura de madera de más de cien metros, conocida como “el bosque”, por el gran número de vigas que se utilizaron para su instalación, cada una procedente de un árbol distinto. Tampoco el tejado y una parte de la bóveda, que se derrumbó, y se temen por las obras de arte pictóricas de los siglos XVII y XVIII que había en su interior.
Más allá del morbo que pueda producir ahora en muchos turistas poder ver el estado en que quedó esta gran Catedral, lo cierto es que el edificio permanecerá cerrado durante los próximos seis años, según anunciaron las autoridades francesas, lapso en el que, confían, con ayuda de las nuevas tecnologías y las donaciones millonarias prometidas, podrán devolver el esplendor a esta maravilla del Medioevo europeo.