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Uyuni, Bolivia: El salar más grande (y el más alto) del mundo

Qué lugar puede concentrar 10 mil millones de toneladas de sal y tener una extensión 50 veces mayor que toda la ciudad de Buenos Aires: El salar de Uyuni, ubicado en el sudoeste de Bolivia, en el departamento de Potosí; es el mayor desierto salino continuo y el más alto del mundo, con una superficie de más de 10 mil kilómetros cuadrados y una altitud de 3.650 metros a nivel del mar.

Este monstruo del Altiplano cordillerano constituye, también, la mayor reserva mundial de litio (con 21 millones de toneladas estimadas, concentra entre 50 y 70% de ese mineral descubierto hasta ahora en el planeta).
Lo que hoy se conoce como salar de Uyuni era, hace unos 40 mil años, un gran lago, con una fase de clima húmedo producto de las lluvias, que mantenían el agua en una cota de 100 metros por encima del nivel actual, pero un posterior período seco y cálido en la región redujo la superficie de los lagos andinos, fenómeno que originó diversos salares, entre ellos el Uyuni.
Es común ver allí el método tradicional de extracción de sal, consistente en juntar pequeñas pilas para permitir la evaporación del agua y facilitar así su transporte. De las citadas 10 mil millones de toneladas de ese mineral que contiene el Uyuni, 25 mil se extraen anualmente. Los mineros que allí trabajan pertenecen a la Cooperativa de Colchani.
Cada noviembre, el Uyuni se convierte en lugar de cría de tres especies de flamencos sudamericanos: el chileno, de James y andinos. Pero no es el único atractivo turístico de la zona, ya que además de su exótica geografía, allí se levanta un extravagante hotel construido íntegramente de sal, y contiene en su interior varias islas. Incluso, debido a la planicie del terreno, sirve como ruta de transporte a través del altiplano boliviano. Esto y la alta reflectividad de su suelo, hace que sea ideal para la calibración de satélites, mejor incluso que la superficie oceánica del planeta.
Al Uyuni lo conforman unas once capas de sal con espesores que varían entre uno y diez metros, como es el caso de su superficie. Su profundidad es de unos 120 metros, compuesta de capas de salmuera (con litio, boro, potasio, magnesio y sodio, entre otros minerales) y barro lacustre. Una particularidad del lugar es la ulexita, llamada también “la piedra televisión”, por su transparencia, que tiene el poder de refractar a la superficie la imagen de lo que se halla debajo de ella.
Otra atracción turística son las momias, que se conservan desde hace unos tres mil años y que fueron descubiertas en una caverna al borde del salar.
Entre la fauna predominante podemos observar flamencos, zorros colorados, vizcachas bolivianas, vicuñas y diversos tipos de aves, en tanto la flora está dominada por pequeños arbustos y cactus gigantes de hasta 10 metros de altura, la mayoría de ellos en la isla del Pescado, el mayor de los islotes del centro del salar, con alta concurrencia turística.
Existen meses recomendables.  Existen meses recomendables y otros no tanto para visitar este particular lugar: En julio, por ejemplo, llega a hacer 10 grados bajo cero de mínima, y en verano la máxima bordea los 20 grados centígrados. Así, los meses de noviembre a marzo son los más agradables, con temperaturas medias que alcanzan los 11 o 12 grados. Obviamente, posee un promedio relativamente bajo de humedad, que oscila entre los 30 y los 40 grados según la época del año.
Quizás la época más espectacular para estar allí es entre diciembre y marzo, ya que la temporada de lluvias que vuelve impermeable la sal y el agua acumulada en la superficie crean un efecto espejo, una ilusión óptica que hace que la tierra y el cielo “se fusionen”. No obstante, las precipitaciones en medio del desierto no dejan de ser un problema, por lo que se recomienda visitar el salar después de marzo.
Por todo lo señalado, no es de extrañar que el salar de Uyuni sea uno de los principales destinos turísticos de Bolivia, visitado por unos 300 mil turistas cada año.