Itinerario Mi Diario de Viaje

Un español en La Puna

Cierro los ojos y todavía veo cardones infinitos con esa línea perfectamente recta que trazaron los incas. Cierro los ojos y todavía veo la Quebrada de las Conchas, ese paraíso para geólogos y miradas asombradas. Cierro los ojos y todavía veo la blancura sin fin de las Salinas Grandes. Cierro los ojos y todavía veo la puna, camino de San Antonio de los Cobres para subir en el Tren a las Nubes. Han pasado un par de meses, cierro los ojos y no dejo de ver los horizontes naturales que regalan Salta y Jujuy.

He vuelto a Argentina trece años después de mi primer viaje. Al horizonte siempre se va mejor con buenos amigos con los que reencontrarse. En 2006, conocí a fondo Buenos Aires y, desde la ciudad a lo grande, me fui a la naturaleza bestial de las cataratas de Iguazú. En 2019, he seguido la pista que me dieron hace trece años, que la próxima vez fuera a Salta, que la llamaban Salta La Linda.

Las fotos que uno busca en internet para saber lo que uno quiere ver sólo sirven para hacerse una ligera idea. No le hacen justicia a esta parte del Noroeste Argentino. En realidad, mejor así. Salta y Jujuy hay que verlas en persona. Mejor llegar al aeropuerto salteño General Martín Miguel de Güemes y antes sobrevolar una tierra montañosa, que parece querer avisarte: “Está usted a punto de conocer un paisaje que no le dejará indiferente”. El aviso acertó conmigo, porque cierro los ojos y todavía…

Aún revivo la sorpresa al adentrarme en la Quebrada de las Conchas. Las mil formas de la piedra: un anfiteatro, un castillo. La tierra rocosa, aquí, aterciopelada, allá. La combinación de colores: piedra blanca con memoria de sal en la orilla del río, rojiza en las laderas, azul marino de cielo despejado. Paisaje con sorpresa cinematográfica. No sé cómo un lugar que tanta paz me dio pudo provocar tanta bronca junto a un puente e inspirar un relato salvaje.

Me considero persona viajada (Japón, Perú, China, Cuba, Colombia, Islandia y algunos países europeos más) y recuerdo muchos lugares espectaculares. Salta y Jujuy se suman a la lista. Se suma Salta, con esa inmensidad hecha de cardones, que merecen el parque nacional al que dan nombre, camino de Cachi y camino de esas ventanas con vistas a la cumbre del Libertador San Martín. Tierra árida en los pies, nieve en el horizonte. Y se suma Jujuy a la lista de lugares inolvidables cuando la vista no me alcanzaba para buscar el final de las Salinas Grandes.

Imposible olvidar esa inabarcable superficie blanca que sigue a la puna jujeña, como imposible es borrar la puna salteña. Los ojos me los traje a España, pero tuve que ir a buscarlos más de una vez. La mirada se pierde con mucha facilidad en aquellas tierras que parecen no tener límite, que no parecen de este planeta. Desde la carretera, desde las vías del Tren a las Nubes o recordándola desde Madrid, la puna te capta para su causa: hacerte sentirte pequeño, curarte de humildad, mostrándote su belleza, haciéndote pensar y soñar. El ingeniero Maury no dominó ferroviariamente el terreno; fue la naturaleza la que se lo hizo creer complicándole el trazado.

Pasarán los años, cerraré los ojos y seguiré caminando hacia los horizontes de Salta y Jujuy.