Los Pueblos Que hacer

Abbott, El refugio de Serrat en Buenos Aires

Pocos saben que es uno de los refugios secretos de Joan Manuel Serrat cuando anda de gira en Argentina, y menos aún que por esas calles de tierra suele pasar el actor estadounidense Tommy Lee Jones, un fanático de los caballos y el polo. Dos visitantes ilustres que están en boca de todos pero que muy pocos vecinos del pueblo pudieron ver. Ya todos saben que si alguien se los cruza, no es cuestión de cargosearlos con selfies y esos otros chiches de la tecnología.

Abbott es un pueblo tranquilo, y su tranquilidad es una de las bellas artes; tiene apenas 600 habitantes, está a 98 kilómetros de Capital Federal y desde hace algunos meses los vecinos, después de muchas charlas y debates, entendieron que ya es tiempo de abrir los brazos para que los visitantes -ilustres y desconocidos- vuelvan.

Apenas algunas consideraciones: Su capilla es de 1924 y aunque no haya misa todos los días, siempre está abierta para que los vecinos vayan a rezar, pedir o agradecer. Cada tanto, algún cura de Monte se llega para alguna ceremonia. En una misma calle están las escuelas: primaria y secundaria, y cien metros más adelante el jardín de infantes. Antes de que termine el pueblo está otros de los orgullos de este lugar: el Abbott Tennis Club, una construcción inglesa que ya vio jugar a varias generaciones.

El silencio que parece eterno se interrumpe con el paso del tren carguero dos veces por día que sacude la modorra de los pájaros que se espantan y vuelan. Ya todos saben que es el carguero, y hay quienes se asoman para ver la fila interminable de vagones que tarda exactamente un minuto y medio en pasar por la estación. Es un privilegio para la nostalgia. Aquí no hay vía muerta pero sí gente viva que tiene ganas de pensar cosas nuevas, generar proyectos, buscarle la vuelta.

Un sólo policía alcanza para el control de las varias manzanas donde todavía las bicis se quedan sin candado y la gente toma mate en la calle o una cervecita en la puerta esperando que aparezca la luna. Hay varias estancias en la zona y también barrios cerrados. En uno de ellos, el «Nano» Serrat disfruta de los árboles, los pájaros, el viento, el asado y un buen vino… Los que lo vieron dicen que se siente como «pancho» por su casa y aprovecha las mañanas libres para hacer silencio, leer algún libro, pensar mucho y sobre todo, sentir. Allí también disfruta de los aplausos del público argentino que todo el tiempo le anda demostrando lo muchos que aquí se lo quiere.

El gran boom de Abbott es «La Carpintería»; un hermoso restorán de campo donde se comen las mejores pastas caseras, previa picada criolla. La aventura de este local (¡y les va muy bien!) incentivó a otros vecinos a generar emprendimientos para atraer a esa legión de turistas rurales que van creciendo con el tiempo. En esa casona pintada en verde y rojo y con una bandera celeste y blanca en la puerta funcionó durante muchos años una carpintería… hasta que llegó Claudio Gellemur y le propuso al dueño la aventura del cambio de rubro. «Si es para disfrutar le damos para adelante», se dijeron mutuamente, y allí empezó todo. La inauguración del local y la cantidad de clientes que viajan especialmente para pasar el rato, comer rico y llevarse un poco de paz, fue como una mecha ardiendo que enseguida ayudó a otros a entender por dónde viene la mano: una buena idea y… ¡manos a la obra!