Mi Diario de Viaje

Italia: Vedere il Sud, poi morire

Fueron días que jamás olvidaré. Ciudades y pueblos que quedarán en mi retina por mucho tiempo. Cualquier elogio de los muchos que se hayan dicho hasta ahora no alcanza para describir las bellezas naturales, históricas y hasta humanas del maravilloso Sur italiano. Aquí les dejo una breve reseña y mis imborrables impresiones de mi reciente viaje a un lugar mágico y lleno de fantasía.

Positano: El vértigo de la altura

Sea por el vértigo de la altura o de tanta belleza, de una u otra forma te quedas sin aire cuando Positano se planta radiante delante de tus ojos. Y hay que quedarse inmóvil un rato para reponerse y empezar una larga caminata que incluye una calle zigzagueante o escaleras que se abren paso entre la piedra y las casas.
Está a 57 kilómetros de Nápoles, no llega a los 4 mil habitantes y es el paso obligado por la Costa Amalfitana.
Tiene una movida que incluye el turismo de todo el mundo y los selectos visitantes que aportan el toque «cool» en cada temporada. Si querés ser visto, tenés que recalar en Positano.
Se destaca la iglesia Santa Maria Assunta, construida en el siglo X, con la cúpula revestida de azulejos amarillos y ubicada frente a la playa grande. La rodean bares, restoranes, comercios y chiringuitos… y el mar -por supuesto- que la acompaña día y noche, aún en tiempos de frío y desolación.
Esta aldea se hizo famosa a nivel mundial en mayo de 1953, cuando el periodista John Steinbeck publicó en el Harper’s Bazar: “Positano te marca. Es un lugar de ensueño que no parece real cuando estás allí, pero que se hace real en la nostalgia cuando te has ido”.

Prócida: La «píccola» del Golfo de Nápoles

Prócida es la más chica y la menos conocida del conjunto de islas del Golfo de Nápoles. Y aunque quedó eclipsada por la fama mundial de Capri, vale la pena llegar y perderse entre las callejuelas escondidas detrás de un gran paredón de casas que le pusieron color a la montaña que baja al mar.
El punto más alto es el viejo palacio que durante muchos años también funcionó como cárcel. Es como estar en el paraíso.
La isla tiene 5 km, así que para correr una maratón 10 k habría que ir y volver porque el largo de la isla no alcanza. Las subidas y bajadas las hicimos en moto: Paula Bernini al volante (porque tiene registro) y yo de copiloto… Eso no evitó un casi porrazo. Tranqui, estamos ilesos.

Ravello: El balcón encantado

Como un nido de almas, Ravello se clava en la roca de la Costa Amalfitana; no tiene playa pero sí la misma magia que el resto de los pueblos del sur de Italia.
La llaman «la ciudad de la música», y se fue armando con la llegada de familias adineradas y apellido, que hicieron de este punto su lugar en el mundo.
El palco natural fascina a los viajeros de todo el mundo. Será por eso que Greta Garbo la eligió para quedarse un buen tiempo después de su retiro y Virginia Woolf para escribir algunas de sus obras. El productor estadounidense Gore Vidal hizo de Ravello el imán de muchas figuras que fueron allí a visitarlo. Pasaron desde Jackie Kennedy hasta Mick Jagger; Susan Sarandon y Tenesse Williams.
Todos los años se hace el festival de música clásica, que reúne a lo mejor del mundo; entre ellos, los argentinos Daniel Baremboin y Martha Argerich.

Amalfi: la ciudad que da nombre a toda una costa

Amalfi fue la primera de las cuatro repúblicas marítimas italianas antes de Venecia, Génova y Pisa. Está a 75 kilómetros de Nápoles, rodeada de acantilados y es Patrimonio de la Humanidad desde 1979.
En sus calles hay bares, restoranes y negocios que le dan una vida intensa y movida como en aquellos años en los que se intercambiaban esclavos, sal y madera por dinares de oro traídos de Marruecos y Egipto.
La catedral San Andrés Apóstol reúne varios estilos (árabe-normando, romántico, bizantino, barroco, gótico) y es el punto de reunión o paso obligado de los miles de turistas que andan todos los días por las calles de Amalfi. Está dividida en tres partes: la nave principal, la Basílica del Crucifijo, que es del siglo IX, y más adelante, la cripta de San Andrés.
Hay mucho para ver, para asombrarse y para disfrutar… Incluso las playas, cuyas aguas besan el corazón de la costa mas visitada de Italia.