Mi Diario de Viaje Que hacer

Isla El Descanso: un tiempo para el alma

Es como caer en la madriguera en la que Alicia descubrió un mundo fantástico y entrar a una obra de arte natural sobre el Delta del Paraná, en el río Sarmiento. En la Isla el Descanso todo cambia con mágica sutileza: el verdor de las plantas, las nubes, las ondas de las aguas.

Ubicada a menos de una hora de la ciudad de Buenos Aires, se puede llegar en lancha tras recorrer unos veinte minutos desde la Estación Fluvial del Puerto de Tigre. Al descender, comienza la magia del paisajismo, la vegetación y del arte al aire libre.

Detrás de la casa que da la bienvenida, un exuberante jardín espera a los visitantes. Al salir, la primera impresión hacia el horizonte es la omnipresencia de la naturaleza. Alrededor de un lago, el cielo arropa un collage de verdes que se extiende en el regazo de la tierra.

A los lados de ese primer cuadro hay dos esculturas que bien pueden ser vistas como la iniciación del recorrido. Son obras referentes a la inmigración realizadas por el escultor, orfebre y artista plástico Bastón Díaz.

Si aún no se está absorto, se puede seguir adentrándose en el jardín para toparse con espacios de los que parece pueden salir hadas. Los senderos, que conducen a pequeños lugares llenos de historias fantásticas, están unidos por puentes cuyos nombres exaltan los mejores sentimientos y valores humanos: la esperanza, el esfuerzo, el amor, la gratitud.

La isla «El Descanso» tiene la grandeza de ser más que un espacio; es un tiempo para el alma.