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Recoleta: De muertos ilustres y visitantes rockstar

El líder de la banda The Rolling Stone, Mick Yagger; el actor de Hollywood Robert de Niro; el rockero Bon Yovi y la artista plástica Yoko Ono, viuda del beatle John Lennon, son algunas de las celebridades que durante sus cortas estadías en Buenos Aires se hicieron de tiempo para recorrer el cementerio de La Recoleta, uno de los tres camposantos más visitados del mundo.

Con un pórtico de estilo neoclásico, compuesto por cuatro columnas del orden dórico griego, este cementerio alberga desde 1822, año de su fundación, a 4.780 bóvedas (unas 90 de ellas declaradas Monumento Histórico Nacional), donde abunda el mármol y no faltan bellas esculturas, sobre una extensión de casi 55 mil metros cuadrados.
Ubicada en el barrio homónimo (nombre derivado de los monjes recoletos, asentados en el lugar) y contiguo a la basílica Nuestra Señora del Pilar, 90 años más antigua que el cementerio, esta necrópolis es morada final de cuantiosas personalidades de la etapa fundacional del país, y también de no pocas celebridades que vivieron más acá en el tiempo.
Entre otras, se destacan las bóvedas de ex presidentes, mandatarios y personalidades históricas como Juan Manuel de Rosas; Bartolomé Mitre; Domingo F. Sarmiento; Nicolás Avellaneda; Carlos Pellegrini; Marcelo T. de Alvear; Leandro N. Alem; Hipólito Yrigoyen; Arturo Illia; Raúl Alfonsín; Remedios de Escalada de San Martín; Facundo Quiroga; Juan Bautista Alberdi y Eva Perón.
También los más polémicos Pedro Aramburo, Alvaro Alsogaray, Amalia Lacroze de Fortabat y Ernestina Herrera de Noble (propietaria del diario Clarín); escritores y poetas como Oliverio Girondo, Conrado Nalé Roxlo, Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo, y científicos como el Nóbel de Química Federico Leloir, y hasta el más popular luchador Martín Karadagian.
Entre sus muchas historias se cuenta una muy intrigante, conocida como La Dama de Blanco, sólo apta para creyentes: Según el sitio oficial de la Ciudad, Luz María, hija del dramaturgo Enrique García Velloso, murió de leucemia en 1925, con apenas 15 años de edad. Relata la leyenda que cierta noche, un joven de la alta sociedad porteña divisó una chica toda vestida de blanco llorando en la calle trasera del cementerio. Atraído por su singular belleza, la invitó a tomar un café en el bar que hoy se llama La Biela, pero que por entonces era conocido como “La Veredita”.
Según esta fantástica historia, la pareja se fundió en un beso, antes de que Luz huyera despavorida y llorando, como una cenicienta a punto de convertirse en calabaza. El joven, galante, le había puesto su saco sobre sus hombros, sobre el que se derramó café al levantarse tan de golpe la fantasmal muchacha.
La historia tiene un final digno de Shakespeare: El hombre la siguió, pero su figura se desvaneció en la entrada ya cerrada del camposanto. El cuidador, al ver la desesperación dibujada en el rostro de su Romeo, lo dejó ingresar y grande fue la sorpresa del joven cuando, al alcanzar la bóveda con el nombre de su frustrada amada, vio sobre la tumba de mármol, cubriendo el rostro esculpido de su amada, el saco con la mancha de café.
El cementerio está ubicado en calle Junín 1760 y se lo puede visitar durante todo el año, todos los días entre las 7 y las 17.30, inclusive feriados. Las visitas guiadas son gratuitas.